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jueves, 2 de enero de 2014

Arrojados a una piscina sin saber nadar...

Cuando dos personas se enamoran se sienten vivas: la adrenalina excita. Si estás enamorado ya no vale eso de caminar hacia atrás como precaución, todo está en juego y por todo has de apostar. Deja de haber cabida para miedos o dudas, solo para firmes decisiones y valentía para afrontarlas. Te comprometes a servir con fidelidad, a compartir con el otro, a dar más de lo que nunca recibiste; mas no te comprometes a ser esclavo, como tantos ignorantes lo interpretan. Por consiguiente, te comprometes a agradecer sus méritos, a dejarte cuidar y a valorar sus esfuerzos y sus progresos. Con todo esto no hablo de deber ni mucho menos de obligación; una vez iniciado el proceso, se trata de deseo. Ardiente deseo de ser feliz y de hacer feliz. Aquel que no se entregue por voluntad propia, sin miramientos, podrá ser calificado de encaprichado e interesado, más no de enamorado.

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